domingo, 2 de julio de 2017

El valiente, la bestia y el oráculo


Un pequeño lugar. Almas que viven en salvaje libertad. Joven y fuerte, Juan aparta su mirada del fuego de la chimenea y se despide con voz seca de su mujer. Siempre fue un hombre de apariencia áspera y fondo tierno.

Con la escopeta a cuestas, saluda a la salida de la aldea al viejo Siabin, hombre curtido en mil batallas cuyo consejo es un oráculo sobre el futuro. Advertido por aquellos que le pidieron auxilio, orientado por el anciano, sube por la carretera hacia el monte frío y nevado. Hay un ciervo muerto a un lado de la carretera. Le sobrepasa un todoterreno y da un respingo. Se centra y se adentra entre los matorrales hacia la verde naturaleza vestida de blanco. Camina un buen rato, el silencio ya no lo altera ni el más valiente animal. Ve cerca el pequeño sendero oscuro que le indicó el viejo Siabin y sabe que el momento se acerca. Sostiene con firmeza la escopeta, penetra en el camino en busca de los retoños, a sabiendas de que allí estará, negra en la inmensidad de su cuerpo, la bestia custodiando. Los ve, niños de alma secuestrada en calma aterrorizada, silenciosos. Y ahí que aparece el temido enemigo. Descarga la escopeta: un tiro, dos, tres… cae al suelo zarandeado por la bestia. Ciega de rabia. Él recuerda el oráculo del viejo y, a merced de la ciega fuerza bruta, lanza una mirada nítida de ternura a los retoños. Sonríen, salen de su letargo y empiezan a gritar al fiero animal, que hace esfuerzos por cubrirse los oídos, pierde la orientación, el equilibrio y, finalmente, cae. El valiente se lleva a los retoños de vuelta, y el viejo Siabin, cuando los ve regresar, esboza una pícara sonrisa, sabedor.

sábado, 3 de junio de 2017

La sirena del sueño


En la noche cerrada, unos ojos repentinamente abiertos. El sueño quebrado por la súbita conciencia del choque del recuerdo. Unos grandes puentes sobre el río, descubiertos a medida que tu onírica vista de pájaro los va atravesando. Grandes y espaciados. Y, al final del camino, el presentimiento te dice que está ella, a quien creíste flor de un día. Intensa, aromática. El batir de tus alas te hace avanzar y avanzar, dejando con tu mirada el surco de tu huella reflejado en las aguas del río. El ancho cauce ha quedado atrás, los puentes han dado a pequeños pasos de piedras y te acercas al nacimiento del río. Allí, sentada, ves a la sirena de este sueño tuyo que antaño fue realidad. Te mira con ojos que expresan una larga espera. Sonríes, la besas por fin cubriendo de cariño los vacíos del pasado. La abrazas fuertemente, escuchas su voz trémula y, alzando la mirada agradecida al cielo, despiertas.

sábado, 13 de mayo de 2017

Escultor del espíritu


Nadie conocía el verdadero nombre de aquel hombre. Era un caballero que envolvía con el gesto y la oratoria. Atraía ingenuas mentes faltas de definición hacia sus promesas de un existente Paraíso. Y suturaba sus heridas, las moldeaba cual escultor del espíritu para dejarlas volar, libres ya.

Nadie entendía por qué, poseedor del secreto de la curación de los corazones, no despertaba en él un común instinto de posesión. Se llegó a especular que tenía el corazón roto por un lance de juventud, pero pronto se descubrió que también palpitaba la sensualidad de su masculina energía ¿Qué hacía, pues, que no surgiera de él el amor perdurable o el instinto de una cierta compañía? Los rumores continuos alcanzaron el nivel de la certeza: se le veía deambular por las noches de la ciudad, paseando por la catedral o sentado en una terraza ante una copa de vino… en una soledad contemplativa. Llegó un momento en que, aquella alma de fortaleza inquebrantable, venida de tierras sin huella, empezó a ver menguar la luz que irradiaba. La gente se preguntaba, preocupada, si no sería que las puertas del Paraíso se habían cerrado, pero fue entonces cuando los elegidos vinieron hacia él y, alados, se lo llevaron para glorificarlo.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Espejo de la vida


Una nueva etapa, creo yo. Heridas suturándose poco a poco en una piel todavía herida de recuerdo. La huella de una efervescencia repentina, inesperada y, finalmente, desaparecida. Atisbo mis entrañas con la mirada interior, y un tenue brillo invita al movimiento. Sí, aquello que en mi conciencia era una nueva etapa, emerge en forma de actitud. De modo que me pongo en pie, camino. La tarde primaveral ofrece un sol radiante, lejos de las lluvias recientes. Pareciera que el clima viene reflejando mi estado de ánimo. Paseo por la ciudad sin rumbo fijo. Inmigrantes, gente humilde… me paro en una librería low cost y detengo mi tiempo en busca de historias nuevas que me permitan hilar realidades fantaseadas, espejo de la vida que conmueve y remueve creando sentidos nuevos. La sugerencia de un título me lleva a fisgar entre sus páginas, y salgo a  la calle con el libro bajo el brazo. Sigo caminando, el paseo se ha hecho largo, mis piernas cansadas buscan reposo y, ya en una cafetería concurrida, me pido un cruasán artesano acompañado de un café. Sentado, miro en derredor expresiones de vida acomodada y estudiantes enérgicos. Quizá, soy el único circunspecto. Saco el libro de la bolsa, lo abro por el primer capítulo y, mientras el rumor de la cafetería desaparece surgiendo un silencio introspectivo, me adentro en nuevas historias que crean el reflejo en mis pensamientos de que sí es posible ese otro mundo.

lunes, 17 de abril de 2017

Virtud y juventud


La mañana tranquila, de calles vacías y tiendas cerradas, invita al paseante a navegar sin rumbo por las calles de la ciudad. Embutido en unas zapatillas deportivas y con los auriculares dejando sonar genuino rock español, camina con ritmo y alegría mientras analiza minucioso los detalles de su interior estado. Feliz y afortunado, es consciente sin arrepentimientos de que vida solo hay una.

Callejea, entra en una gran avenida y ya está en el centro. Por allí, hay quien empieza a salir a la calle y alguna cafetería abierta. Entra en uno de estos locales, coge el periódico de encima de la máquina de tabaco y se pide un refresco con un buen bocadillo matutino. Lo come con gusto, y el refresco de devuelve a la vida. En la mesa de al lado, ve a una mujer mayor leer un tomo de filosofía. Se dice que debe ser una mujer sabia. Él la observa un rato más. Ella, discreta, observa que la observa. Finalmente, la virtud decide entablar conversación con la juventud, quizá porque en ambas vidas hay, aún, curiosidad. Poco a poco va descubriendo las inquietudes que anidan en el interior del reciente paseante, y él va descubriendo, asombrado, que a sus reflexiones se les puede poner palabras. En su conciencia hay un halo de asombro, y la anciana le mira con la serenidad de la sabiduría asentada. Le ha invitado a que acuda a sus clases un día como oyente, y él ha aceptado ilusionado.

Con la sensación de la misión cumplida, la anciana se disculpa arguyendo que debe irse. “Hasta otra ocasión, pues”, le dice. Y él, vuelve a sumergirse en sus pensamientos por un momento, queriendo asimilar la verdad que ha asomado a su conciencia esa mañana aparentemente tranquila. “Tienes suerte: hay camino en ti”, le había dicho ella. Y el paseante se levanta y recupera la senda.

martes, 4 de abril de 2017

Ensoñación


David se mira al espejo. Al espejo se mira, se mira al espejo. Le gustan sus patillas y la larga melena que luce, y siente que la soledad no es lugar para tan bello efebo. De modo y manera que coge la chupa, el paquete de tabaco y las llaves de casa. Duda entre subirse al bus o bajarse al metro: no, no es una noche de viernes; es un miércoles por la tarde bien soleado. Finalmente, se sube al bus que lo llevará directo desde su humilde barrio a una zona céntrica y acomodada. Durante el trayecto, alguna mujer de las que a él se le antojan maduras le echa una mirada que otra. Tan bello efebo: inocencia y juventud prestas a ser iniciadas, pensará ella. A él le recorre el calor por el cuerpo, pero permanece con cara de póker: hay que aguantar el tipo para fundirse con sus ensoñaciones. Llega a la zona céntrica, y pasea. Pasea mirando aquí y allí nuestro adolescente. Se mesa el cabello, observa femeninas esencias de juvenil virtud. Tres melenas: una rubia, otra morena y, la última, pelirroja; sentadas en una terraza. Empieza a soñar, se le sube la libido y se planta como un clavo. Sentado en una mesa cercana, se enciende un cigarrillo y pide un café. Ellas ríen, él las mira de refilón. Sonrisa pícara ante mujercitas que no han roto un plato. Las siente suyas pasados unos minutos de acercamiento. Ya ha cruzado unas palabras y se atreve a abordarlas. Suelta su labia de imaginativo rebelde, las envuelve. Entonces, empieza a deshojar la margarita. Cuál de las tres gracias se llevará para sí. La pelirroja está ruborizada, descontrolada ante la atracción. Mía, se dice él…

…el cigarrillo ya está casi en la colilla y le quema la mano. Despierta de golpe de su ensoñación. Duda si seguir allí de pie como un clavo o empezar a moverse. Está aturdido. Poco a poco, va volviendo en sí, y las femeninas esencias de juvenil virtud ya no se atisban allá en la terraza. Piensa él que con glamour han pagado una costosa merienda y se han recogido en sus lujosas casas. Y emprende el camino de vuelta, con aroma a barrio caro y mujer perfumada.

sábado, 18 de marzo de 2017

El tesoro y la envejecida coraza


El tiempo transcurre dejando sus huellas en las facciones del varonil rostro, un cuerpo menos hermoseado y la emoción, aún, en perenne ensoñación. Cree que ha vivido, que su existencia es plena y que la imaginación lo convierte en artífice autosuficiente de sí mismo.

Un buen día, una inteligencia plena de naturalidad prende su encanto sobre él. Las viejas quimeras de un ideado mundo feliz ya no valen y, poco a poco, el artífice de sí mismo se da cuenta de que era el común lo que conducía a la felicidad. Aprende lo que es la emoción sincera en conversaciones de media tarde, a base de tropiezos en su excitante ventura. Ensayo y error en un maduro que empieza a descubrir las abandonadas emociones de perdida juventud. Quizá, fuera el miedo y la huida lo que le sumió en la quimera casi eterna del sentimiento de ficción. Y sin embargo, ¿no hubiera sido ello una debilidad humana? Acecha la incertidumbre, nace un nuevo tipo de fantasía y se busca un nuevo modo de sosiego sobre la base de soplos de felicidad alcanzada.

No es un cuerpo, no es la juventud. Es el flujo de una conversación, la incerteza de una mirada, unos labios rotos que esconden fisuras en su femenino corazón. Y él siente que la intermitencia de su cercanía es el tesoro que rompe los moldes de la envejecida coraza de su errante imaginación.