El otro día estaba decaído mientras veía por la tele la contundente derrota del Barça. No es que sea hincha de ese equipo, pero siento afinidad. Sin embargo, mientras la pantalla enviaba a mi mirada gol tras gol, alguien se preocupaba por mi estado de ánimo. El estado de ánimo era, en aquel momento, una circunstancia azarosa producto de un juego, pero lo realmente importante estaba en aquello que rodeaban mis brazos, incorporándose a tomar un sorbo de su cerveza de vez en cuando y, forofa ella, preguntando las normas del fuera de juego o del córner, sólo conectando con los golpes de furia que hundían a su equipo con los brazos en alto tras los goles. "Qué mal veo esto". Parece que el fúbol es un lenguaje universal. Sin embargo, aquella persona que se preocupaba por mi estado de ánimo me hacía percibir que mi decaímiento era simplemente fruto del fin de un sueño futbolístico y cierto cansancio, y que mi verdadero ánimo estaba ahí, al lado.
Esta mañana he echado un vistazo a las noticias, el fútbol totalmente olvidado ayer. Cambio de ciclo que parece llegar al Madrid ¿Quién dice que el deporte está reñido con el arte? Yo diría que muchas veces nos da muestras de arte, como los olímpicos de la antigua Grecia. Y sin embargo, esta semana el fútbol no ha podido nublar en Barcelona el día de Sant Jordi: una rosa y un libro. Una fiesta en toda regla. Su encanto... ¿no se estará volviendo este madrileño un poco más catalán con el oleaje del tiempo esculpiendo y modificando la figura de su cuerpo?
Un lugar donde expresar libremente las reflexiones más variopintas, desde la plácida mañana a una dosis de buena literatura.
jueves, 25 de abril de 2013
jueves, 18 de abril de 2013
Crecer
La belleza emergente de una joven recién salida de la adolescencia, que se manfiesta en toda su sensualidad en estos cálidos días que nos ha traído la primavera. Jóvenes, quizá cuatro o cinco años mayores, que ya no tienen tanto pavo pero parecen seguir viviendo en el florecimiento de su cuerpo. Uno se prenda de esa belleza. Pasa el tiempo y, un buen día, escucha a su lado en el metro la conversación de unas treintañeras sobre el embarazo de una de ellas. La belleza física ha iniciado su declive, y uno no se hubiera detenido en ellas en su afán de juventud. Pero hete aquí que un buen día le sorprende la llegada de la madurez, la aceptación de su propia edad y disfruta cotilleando esa conversación sosegada y juiciosa. Se da cuenta de que había obviado una parte de su propio crecimiento y cae en la realidad feliz del cambio a un nuevo estadio de su vida, donde la perspectiva es diferente, el cariño sabio, más cómodo y natural, y el sentido de la vida empieza a hacerse más transparente.
viernes, 12 de abril de 2013
De la cultura a la realidad
Mucha gente elogia las obras de arte intensas, quizá abrumados, quizá porque estas han logrado hacer un hueco en su corazón. Recuerdo cuando se estrenó "Antes que anochezca", por la que Javier Bardem obtuvo una nominación al Oscar. En un ambiente que empezaba a liberar del ostracismo a los homosexuales, personas que ni lo eran ni parecían tener una sensibilidad hacia el tema se mostraban ante los demás halagando la obra maestra que habían descubierto. Sin embargo, solo eran víctimas de una tendencia y, a lo sumo de una sensibilidad que no pasaba de la pantalla. Pero, todo hay que decirlo, había hecho aflorar algo. Luego, cuando en la vida real te encuentras ante situaciones que ponen a prueba tu ética o tu integridad, aunque tu felicidad esté en juego, las cosas se convierten en vida real y la prueba en experiencia.
Yo agradezco muchas cosas a directores de cine y escritores que me han mostrado mundos aparentemente tabús con una dosis de disparatada risa o una honda ternura. Pienso en "Mi vida sin mí", de Isabel Coixet, o en los cuadros de Lucien Freud. Y, si logras atravesar ese difícil muro de la convención social, puede aparecer en ti una concepción verdaramente ética, una visión de la belleza más tierna de la que nos anuncian las convenciones de la moda. Encontrar la felicidad saliendo de la ceguera en la que, creciendo, parece que el mundo ha querido instalarnos, sin perder los guiños felices de nuestro recorrido por la vida.
Yo agradezco muchas cosas a directores de cine y escritores que me han mostrado mundos aparentemente tabús con una dosis de disparatada risa o una honda ternura. Pienso en "Mi vida sin mí", de Isabel Coixet, o en los cuadros de Lucien Freud. Y, si logras atravesar ese difícil muro de la convención social, puede aparecer en ti una concepción verdaramente ética, una visión de la belleza más tierna de la que nos anuncian las convenciones de la moda. Encontrar la felicidad saliendo de la ceguera en la que, creciendo, parece que el mundo ha querido instalarnos, sin perder los guiños felices de nuestro recorrido por la vida.
viernes, 5 de abril de 2013
Inspiración
Si de vitalidad se trata, obtenerla para escribir una novela puede consistir en la tópica (y, por otro lado, naturalmente típica, pues quién no ha tenido sus momentos, altos y bajos) experiencia vital intensa, más intensa de lo común; pero puede consistir perfectamente en una mañana disfrutando de un paseo por el parque, entre gente jugando con el perro, chavales con el balón, la hierba fresca bajo nuestros pies, descansar a la vera de un árbol y volver a casa quizá después de haber parado a comprar el pan. Con eso, uno puede sentir que sus pulmones se llenan, que la vida cobra sentido. También puede inspirarnos el recuerdo inesperado de amistades recientes o lejanas en una escena concreta que nos provoca una sonrisa. Quizá simplemente el gozo de cocinar un buen plato una mañana de sábado. Puede inspirarnos un juicio sereno sobre la realidad que nos rodea: cómo nos afecta la crisis, la madurez, la soledad, el exceso o la carencia de trabajo o de ocio. Así pues, no creo yo que se trate de proyectar una mirada hipnotizada al horizonte en busca de nuestra gran epopeya, pues las mayores aventuras pueden también aparecer en la vida corriente.
viernes, 29 de marzo de 2013
Entre lo místico y lo profano
En Semana Santa uno, quiera que no, se encuntra por un lado u otro con una procesión o una misa. El Papa Francisco, que parece temerario en su forma de romper las formalidades eclesiásticas, a mí me empieza a resultar bastante simpático, aunque no sé lo que durará a este paso. Con tanta religión, resulta chocante pero un buen ejemplo de tendencias alternativas, que la filmoteca de Cataluña proyecte estos días El Último Tango en París.
Por lo demás, días tranquilos estos, que nos regalan luz y buena temperatura y nos anuncian un cambio horario que nos devolverá días más largos. Disfrutad del clima mientras dure, del sol que llega y de las fiestas.
Una película que me encantó y me atrevo a recomendar: Blue Valentine. Un libro un poco iconoclasta y bastante "pecaminoso": Trópico de Cáncer; me lo esperaba peor, yo creo que, con sus defectos, es un libro con grandes hallazgos, a la vez que no para de hablarnos de París, lo que siempre es glamouroso, aunque sea a través la vida de cloacas que nos transmite el autor. Chao.
Por lo demás, días tranquilos estos, que nos regalan luz y buena temperatura y nos anuncian un cambio horario que nos devolverá días más largos. Disfrutad del clima mientras dure, del sol que llega y de las fiestas.
Una película que me encantó y me atrevo a recomendar: Blue Valentine. Un libro un poco iconoclasta y bastante "pecaminoso": Trópico de Cáncer; me lo esperaba peor, yo creo que, con sus defectos, es un libro con grandes hallazgos, a la vez que no para de hablarnos de París, lo que siempre es glamouroso, aunque sea a través la vida de cloacas que nos transmite el autor. Chao.
viernes, 22 de marzo de 2013
Un vocabulario vital
Dicen algunos, quizá más de los que creemos, que la literatura es una reelaboración de nuestra experiencia. Jugamos con lo vivido y, al reelaborarlo, empeamos a cambiarlo involuntariamente desde el primer momento: la ficción nace sola. Como dice Vargas Llosa, nos convertimos en dioses de la realidad para transformarla. Además, esta experiencia, la vida de cada uno, sus circunstancias históricas -que si la transición, la guerra civil o la crisis actual- e incluso culturales -las lecturas que nos han influido, de nuevo voluntaria o involuntariamente-, se deforman por nuestra memoria hacia un recuerdo, creo yo algo idealizado o ensoñado: ¿Quién no recuerda al familiar o amigo perdido hace ya un tiempo de forma menos cruda, más almibarada de lo que era en realidad? O al revés, ¿quién no lo recuerda más malo de lo que realmente era? La vida y la experiencia, pues.
Así, a mí me encajó de golpe escuchar que el escritor ruso León Tolstoi era aristócrata y militar: es así como se comprende que le saliera una obra tan redonda como Guerra y Paz. A pesar de que él viviera en una época ligeramente posterior: los hechos estaban en el recuerdo colectivo, el pueblo ruso había hecho historia y había que explicarla en una gran novela, que llegó con el gran autor de las letras rusas. Parece como si entre nuestro vocabulario adquirido por todos estos caminos nos pudiéramos desenvolver entendiendo un vocabulario anterior, adquiriendo una comprensión más completa: ¿Quién no se comprende acercándose a su historia, familiar, la de su país...? A través de nuestras experiencias sentimentales creamos fantasías de lo más verosímiles y, partiendo de aquellas, pueden acabar siendo construidas en un resultado totalmente diferente, hasta el punto de que uno apenas pueda percibir una ligera huella común. Pero su vocabulario es el que nos ha enseñado a hablar, y nos ha inspirado en la semilla de la historia, en caminos que se han bifurcado, haciéndonos incluso rehuirla y reaccionar llevando la novela por el camino opuesto, como dándole una bofetada de reproche. Siempre se habla de personas de la vida real que han inspirado al autor o autora tal o cual personaje. Realidad, experiencia, ficción, un lenguaje con el que volar a la fantasía, al limbo, al futuro o al pasado.
Así, a mí me encajó de golpe escuchar que el escritor ruso León Tolstoi era aristócrata y militar: es así como se comprende que le saliera una obra tan redonda como Guerra y Paz. A pesar de que él viviera en una época ligeramente posterior: los hechos estaban en el recuerdo colectivo, el pueblo ruso había hecho historia y había que explicarla en una gran novela, que llegó con el gran autor de las letras rusas. Parece como si entre nuestro vocabulario adquirido por todos estos caminos nos pudiéramos desenvolver entendiendo un vocabulario anterior, adquiriendo una comprensión más completa: ¿Quién no se comprende acercándose a su historia, familiar, la de su país...? A través de nuestras experiencias sentimentales creamos fantasías de lo más verosímiles y, partiendo de aquellas, pueden acabar siendo construidas en un resultado totalmente diferente, hasta el punto de que uno apenas pueda percibir una ligera huella común. Pero su vocabulario es el que nos ha enseñado a hablar, y nos ha inspirado en la semilla de la historia, en caminos que se han bifurcado, haciéndonos incluso rehuirla y reaccionar llevando la novela por el camino opuesto, como dándole una bofetada de reproche. Siempre se habla de personas de la vida real que han inspirado al autor o autora tal o cual personaje. Realidad, experiencia, ficción, un lenguaje con el que volar a la fantasía, al limbo, al futuro o al pasado.
viernes, 15 de marzo de 2013
El sueño de la novela
Una cervecita al sol, buena conversación y el sueño de una novela terminada cercano. Estoy revisando la novela, pero creo que áún tendré que dejarla en reposar en el cajón para darle un último retoque. Cuando llegué al primer taller literario, iba como un literato de arte, amor al arte. Allí me mostraron cómo es el público el que manda y que en cada capítulo hay que mantener enganchado al lector. La orientación no admitía digresiones ni demás tendencias que llevaran a la complicación lectora: se buscaba un best seller. Así pues, no renuncié al arte pero se me influyó hacia las preferencias del público de masas. La novela siguió su curso en un taller, en el que sigo participando encantado ahora, en el que el profesor es un escritor de prestigio, intelectual, amante del arte por el arte. Pura poesía, pues, que choca frontalmente con la orientación comercial, que ha ido tratando de corregirme. Yo creo que en gran medida tiene razón o, al menos, se ajusta a mis preferencias, pero no niego que el curso precedente me abrió las miras a un público que despreciaba. El resultado ha sido una novela, si bien relativamente breve, que me ha llevado año y medio terminar, al menos en su borrador más avanzado. Y, a medida que voy releyendo para corregir las últimas cositas, noto las influencias de las lecturas del momento, las de los profesores y compañeros de cada momento y, lo más satisfactorio, el gozo de los capítulos finales en los que ya se volvía a desatar una escritura que, a mi modo de ver, encontraba una voz propia. Ahora lo que más deseo, sin embargo, es acabar las correcciones actuales y dejarlo leer a gente querida, a la que he tenido en ascuas todo este tiempo.
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