viernes, 8 de marzo de 2013

Juicio propio

Seguir fielmente un medio de comunicación tiene sus riesgos. Yo, hasta hace bien poco, he seguido fielmente un periódico. Me ha aportado una información, tanto política como cultural, que en gran medida agradezco. Lo he seguido incluso a costa de saltarme los telediarios. Ahora, cuando relajarme ante la tele un rato me resulta más sano que leer el periódico contra reloj, noto que una salvaje libertad de conciencia, aquella no condicionada por los telediarios, más sensacionalistas pero más suaves, aflora dejando aparecer un criterio propio, que no sigue línea política alguna y que es libre de hacerse los planteamientos más peregrinos. Sin embargo, hecho de menos ciertas crónicas, ciertas firmas y cedo ante la necesidad de comprármelo el día que sale el suplemento cultural. El escritor William Faulkner recelaba de la crítica literaria de su país, EEUU, y yo entiendo ahora, a pesar de todo, por qué un o una librera experimentada emite un juicio propio que le hace discrepar de la opinión que uno se había establecido tras tanta prensa.
Lo difícil, en mi opinión, es crearse un mapa intelectual y emocional de ideas y referencias. A partir de ahí, uno puede salirse del tronco que es su particular cultura oficial para seguir una senda propia, original, suya más que nunca. No me imaginaba que fuera a devorar Últimas Tardes con Teresa embelesado a estas alturas. Pero aquí estoy, con un mapa sobre la mesa que empiezo a explorar.

jueves, 28 de febrero de 2013

Cosas

Hay cosas que a uno se le escapan y otras que uno aprende a su pesar, pero descubriendo toda su coherencia.

A mí se me escapa la comprensión de tanto perro con pinta de bestia malcriada que pasean por las calles o los parques. Bestias, me parece que sobran. Malcriadas, depende. Los hay que son cuidados por sus dueños con más cariño del que dispensan a su pareja, y los hay arrastrados con la correa por la calle entre insultos al animal que no obedece o agota la corta paciencia de su responsable. Al menos ya no hay que estar tan pendiente como años atrás para recoger sus deshechos. Nunca me vería con un perro, creo yo, eso sí, visto desde el día de hoy, que el roce y el cariño producen milagros; pero sí reconozco que hay una parte de la población con "familiares caninos" que se siente acompañada por el animal supliendo quizá la temida soledad, con el que establece un lazo estrecho, y al que incluso da una vida mejor de la que podía esperar. Conozco un caso de éstos cercano: la pareja tenía una gata y un perro desde hacía años y, no contentos, se han lanzado a adoptar un galgo de aquéllos que abandonan los cazadores acabada su función. Y tan felices.

Lo que voy descubriendo en toda su coherencia es cómo la edad, que pretende ir dando tablas a medida que avanza, provoca incertidumbres antes de alcanzado este equilibrio, si se alcanza y según cómo y hasta qué punto se alcance, nos va haciendo cojear primero de una pierna, luego de otra y cuando la sabiduría de la vejez nos debería dar profundidad en la mirada y una clara lucidez, hace que vayamos perdiendo el tacto, cierto uso de la razón y pasemos a ser poco a poco a poco el recuerdo de aquella flor cuyas experiencias vitales comentamos con alegrías para ser un foco de preocupación, atenciones cariñosas y cierta tristeza.

jueves, 21 de febrero de 2013

La naturaleza

La costa, pensemos en un pueblo tranquilo y algo apartado, permite vivir entre caras conocidas, unas pocas las que hay: fácil identificarlas. Tienes tu panadería, la cafetería, la papelería. Si es un pueblo con ciertas posibilidades encontrarás un colegio en condiciones y te podrá sorprender un polideportivo. Por sus calles añosas, podrás caminar percibiendo los sonidos de una cierta naturaleza entremezclados con la actividad humana, en las casas, en las pocas calles. Un bautizo, una comunión, reúnen a engalanados invitados en la iglesia o la plaza del ayuntamiento si es boda civil. Cuando llueva, la ventana entreabierta de tu piso bajo dejará penetrar el olor a tierra húmeda, viva. La naturaleza. Pensando sobre ésto, es curioso, me viene a la cabeza una anécdota reciente: estábamos comiendo en el salón urbanita cuando nos sorprendió la aparición de una paloma blanca al otro lado de la ventana. Animal salvaje. Estuvo allí unos minutos intrigándonos a todos, que especulábamos sobre el motivo que habría encontrado el ave para permanecer tan apegada a la ventana.Yo me detenía en observarla, divina en su blancura que parecía vestirla recién salidas la una de la ducha y la otra de la lavadora. Es hermosa esa ligazón entre el ser humano y la naturaleza, cuya condición, quiera o no quiera el ser humano acomodado y culturizado, no le abandona.

viernes, 15 de febrero de 2013

Cuando la hora se acerca

Estuve el otro día acompañando a mi abuela en la sala de espera del centro de salud de su barrio. Había bastante gente mayor. Enseguida empezamos a afinar el oído y a comentar las conversaciones de los ancianos. Úna mujer había acudido con su hermana, más joven y saludable. La más joven entabló conversación con otra anciana que había enfrente. Luego se sumó la hermana y ya las teníamos a las tres. La hermana mayor se jactaba de haber llegado a ser tan mayor, y de sufrir achaques por doquier y aguantar como una leona. "Ya verá usted cuando llegue a mi edad". La mujer de enfrente le replicó "Yo no soy tan joven, no se crea." Lo que pasaba, anuncicaba, era que se cuidaba muy bien, y con espíritu activo, positivo. Total, las dos mujeres se llevaban un año, 80 y 81. "Pues no lo parece, señora." Luego me tocó el turno de reconocer las fantasías de mi abuela: "Ya verás, el doctor es feo, feo, feo. Como Frankenstein. Pero es de bueno... Te atiende con mucho cuidado." Total, lo más parecido a la fealdad que resultó tener el pobre individuo era una voz un poco particular.

Así, con achaques a la vuelta de la esquina, estas adolescentes que son las abuelas, procuran divertirse sabiendo, o quizá no queriendo saber, que el fin está cerca. Porque las hay que quieren prolongar su vida hasta la eternidad y las que empiezan a pensar que, con esa salud y tantos años, comienza a llegar su hora.

jueves, 7 de febrero de 2013

Variedades

Poco me ha durado el sueño con música: al final había más música que sueño. Además, dicen que, si te acostumbras a escuchar la radio de noche, luego es muy difícil dejarlo. Como el tabaco, vamos.

Me hago eco de unas declaraciones del ministro Wert en las que dice que hay que pensar la carrera que se elige estudiar en función de sus salidas profesionales: ¿Qué hay de la vocación? Nos invita a quedarnos sin nuestros insignes científicos, sin esa larga tradición de grandes artistas, sin un empresario emprendedor con ideas realmente necesarias. Parece que este hombre se sienta con un chaleco antibalas y además el más rápido del Oeste. Es él, Jose Ignacio: se pide recompensa cada vez más alta por tal pieza, especialmente por estas tierras catalanas, intuyo yo sin demasiada dificultad.

Por otro lado, el paro nos da dos noticias: una, tradicional, que sigue y sigue creciendo; otra, práctica, que nos permite aprovechar el parón para guardar cama con ese catarro que le está entrando a todo el mundo con estos fríos.

Ya queda menos para los Oscars, chic@s. Aunque yo prefiera los festivales europeos de cine, no les quitemos su glamour. Hasta la semana que viene,

Dudu

jueves, 31 de enero de 2013

Compañías nocturnas

Últimamente tengo una nueva compañía nocturna. No despierta mis zonas erógenas, pero me susurra al oído y me sigue tanto en el sueño profundo como en la cercanía del despertar. Hay veces que, pasado el rato, la ignoro y me sumo en el sueño silencioso. Es la melodía de la música en la radio escuchada a través de auriculares para no molestar al durmiente vecino. Otorga la vitalidad de mensajes variopintos que, con un un espíritu u otro, nos quieren hacer llegar su aventura o mensaje. Tengo la discoteca mientras duermo. Solo falta el juego de luces, pero, claro, eso haría un poco más difícil la larga siesta. Hay gente que escucha programas de radio hablados por la noche; qué sé yo, pero no hay forma de meterme materia gris a esas horas. Además, me parece que entra más la emoción humana de esa manera. Serán temporadas. Dicen también que, si te acostumbras a escuchar la radio por la noche, a tener su compañía, luego no puedes dormir sin ella. Yo recuerdo una película, Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal, de Clint Eastwood, en la que el protagonista se pone una cinta con sonidos urbanos para poder dormir. Compañías nocturnas.

jueves, 24 de enero de 2013

Tradición e innovación

Cuando se quiere innovar en las artes, es difícil saber distinguir el punto entre lo que rompe moldes y abre nuevos caminos ante nuestro asombro o rechazo inicial, y lo que se convierte en un absurdo ejercicio de enrevesamiento por muchos conocimientos que tengas. Van Gogh murió habiendo vendido un solo cuadro, y creo recordar que fue a su hermano, pero la posteridad le dio reconocimiento: asombro, conmoción, ante una obra rompedora. Sin embargo, y es cierto que ha sido muy alabado, para mí la lectura de Poeta en Nueva York, del también universal Federico García Lorca, se hacía un texto incomprensible, que dificultaba el fluir por sus páginas y apenas proporcionaba un mínimo deslumbramiento. Quizá sea culpa mía. En cualquier caso, su posteridad ha podido perder un lector de no ser por ese par de obras teatrales suyas que tanto me llenaron sin necesidad de tanto enrevesamiento. Las artes pueden, así, resultar vacías tanto por caer en tópico como por un exceso de experimentación. Sin embargo, si te anclas en el tópico no avanzas, ni avanza la historia de ese arte, y si experimentas puedes dotar de un nivel nuevo, un tramo más, a esa larga historia que es esa arte en cuestión. Innovación y tradición, pues, son dos puntos alejados que nunca pueden dejar escapar su vínculo.