viernes, 16 de noviembre de 2012

El protagonista y la lectora

Hoy mi abuela materna, a la que en catalán se llama iaia; pues la iaia, cumple ochenta y seis años. Se la ve entre lanzada y algo mustia. Con los dolores y molestias que esconde su edad pero sin elevar demasiado el tono para quejarse. Planea su vida futura sin miedo a decir que, por ella, mejor que le queden un par de años. Que ella no quiere que se le prolongue demasiado la vida.

Recientemente, he leído un libro sobre un anciano, y me ha tomado el relevo ella, la iaia, para entrar en lo que a mí me llega el aroma de una conversación silenciosa con el libro. Son gentes que se entienden, el protagonista y la lectora, y, como decía antes, ella lo lee sacándole provecho a lo que puede decirle la historia de una voz anciana. Quizá, tratándose de una persona más joven, sea una lectora más protectora o condescendiente. La iaia no entiende de condescendencias y disfruta del rato hablándole al personaje de tú a tú.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Católicos sí, católicos no.

Me sorprendió relativamente, pero me sorprendió, que mi admirado Miguel Delibes fuera un católico confeso, padre de una gran prole. Sin embargo, me ayudó a entenderle y a admirar aún más su integridad al recordar la última novela que escribió: El Hereje. No tiene desperdicio, y me abrió la inquietud por Lutero y Erasmo.
Un católico recalcitrante y en una línea más que aparentemente extrema me ha dejado en vilo los últimos días, cuando las elecciones de EEUU anunciaban un empate técnico entre Romney y Obama. No voy a descubrir que Obama me cae bien, así que es evidente que me llevé un alivio al saber que la mayoría de su país había elegido una línea continuista hacia, a mi modo de ver, el progreso. Queda por saber el margen de maniobra que le dejará ese Congreso en manos del partido rival que tiene la virtud de atenuar el presidencialismo de un país. Pero parece que ahora mismo los republicanos tienen que encontrar una nueva brújula.
Mañana es viernes y, acercándome a la despedida de vosotros hasta la semana que viene, os confieso que es para mí un día especial por las gratas tareas que me ocupa. Es un día de humanidad y aprendizaje. Y eso, unido al deseo de ver uno que otro día a seres cercanos, es buena materia prima para quien sueña con el arte de la novela, del cuento o de la filosofía. Que tengáis muy buen fin de semana.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Diversión

Uno no se cree todavía que su compromiso con el ejercicio físico vaya pasando de un romance a una relación formal. Antes de respirar, como casi despidiéndose de esa sensación, el tranquilo ambiente pueblerino, se ha metido urbe en vena, con menos banderas esteladas pero el catalanismo, para mí tan exacerbado como el españolismo, presente. En ese ambiente de urbe, quizá por la magia de Halloween, una tradición tan poco española que ahora tiene tanto éxito por aquí, uno ve a superwoman, una superwoman de nuestros tiempos con top, con vientre desinhibido que hace juego con sus largas piernas que se desentienden de la minifalda de superhéroe. También tenemos a Cleopatra, no te creas. La noche es marchosa, carnal, divertida. Incluso hay, oh dilema, tres hombres rodeando a una mujer de silueta cuidada y atrevida, que juega con ellos estimulando sus fantasías para luego desaparecer sin presa. No le habrán convencido, bestiario había. Entretanto, imaginemos que el paparazzi, o la paparazzi, quién sabe, va inmortalizando en imágenes digitales a una suerte de joven Orson Welles que queda protegido por una blanca, clásica silueta detrás mientras se toma una cervecilla. Qué tendrá el paparazzi para saber extraer lo que se esconde en el alma de su objetivo. Quizá haya recurrido al truco de hacer que Welles asome a la inconsciencia con un par de copas. Al menos, si el gran director ha sido víctima de fotos robadas en el gran teatro de Halloween, que disfrute su vista de una bella silueta mientras, cuando no es pillado a traición, mira hacia la cámara. Qué tendrán las mujeres para obsesionarse con su físico cuando a cada cual la naturaleza le ha dado el suyo, que en su particularidad es hermoso. Otra cosa es que la dama se nos cuide con una vida saludable. En fin, diversión. No hay que quejarse.

jueves, 25 de octubre de 2012

Transparente intercambio

Qué será más importante, dejar la mente en blanco tan solo guiada por el flujo de la respiración que vaya produciendo un efecto de progresivo autocontrol, seguridad en uno mismo; o seguir la estela de Sócrates, que nunca escribió nada y en cambio era un gran conversador, creador de ideas inspiradas, reflejo de lo humano por réplica al interlocutor y, en fin, espontáneo. Yo veo su figura cercana a la de Shakespeare, que también nos acerca a la espontaneidad de las relaciones humanas, a la imprevisibilidad y la sorpresa. Ambos fueron grandes hitos en la Historia de la humanidad tan solo por su existencia.

Quizá plantearme el tener que elegir entre lo uno y lo otro sea que todavía no se ha profundizado lo necesario en el diálogo entre occidente y oriente. Y, en este mundo que se nos presenta tan globalizado e intercultural, quizá esté llegando el momento adecuado para tal diálogo. No en vano ya se ve cómo cala el tai chí o el yoga en ciertos perfiles, pero yo no me refiero a un debate quizá todavía un poco alternativo y friki, sino en un a un transparente intercambio y flujo de ideas que, a su vez, nos permita conocernos un poco más entre todos. Pasadlo bien hasta nuestro próximo encuentro en esta pantalla. Un abrazo cibernético.

domingo, 21 de octubre de 2012

Demora necesaria

Oh, estimados lectores; estimadas lectoras: disculpen las molestias. Causas de fuerza mayor, gratas noticias sin embargo, me han mantenido al margen de tan sana costumbre como es la suerte de echarles unas palabrejas por el ciberespacio. El momento ha llegado en el último día de de la semana día en que Dios descansó, pero dejemos el tema que nos llevaría a hablar de Jesucristo, su friqui pero revolucionario sindicalista.
Estoy ante la expectativa por una nueva aventura para pulir mi delicada prosa, y más detalles no doy que no debe saberse mucho de la vida privada del creador: cíñanse ustedes a su obra. Tan solo digo que la prosa promete. Ha sido parte ello, pero no lo único, para que culminara anoche una semana manifiestamente feliz. Con reencuentro tras un par de décadas sin ver a un amigo con quien pasé una comida y tarde entrañables, hablando de lo humano y lo divino, y desbrozando cada uno sus secretos, aquellos que le convierten a la vista del otro en un ser común y a la vez particular. De vuelta a casa, me encontré con la voz que tanto me ha estimulado durante estos últimos años feliz por oírme tras un par de días sin hablar... y fue la guinda, o si no les gusta, la onza de chocolate Valor que lo redondeó todo en lo alto del pastel. Me dormí tarde presa de la inquietud, algo extraño en una persona de sueño tan sano como soy yo. Pero quiere ello decir que soy humano. Ya caerá hoy la siesta, o quizá un buen sueño por la noche. Sabed entender, pues, este pequeño retraso en el comentario semanal que tanto me aporta comentaros. Hasta la semana que viene.

jueves, 11 de octubre de 2012

Placeres que son costumbres

Uno de los grandes placeres que descubres cuando te tienes que aclimatar a un lugar nuevo son ciertas costumbres, bien asentadas en el lugar o el entorno, que ni te habías planteado y acabas asimilando como un ritual, quizá uno de los momentos sublimes de, por ejemplo, el fin de semana.

El caso es que para mí el vino siempre se tuvo que tomar en temperatura moderada, nunca había probado el vino fresco hasta que me acerqué por estos lares. Vino fresco, no pocas veces, equivale a vino peleón. Pero todo vale, ya sea con el peleón de la cafetería o con el más decentillo de casa. Uno, por ejemplo el sábado por la mañana, celebra la llegada del fin de semana con el desayuno de un suculento bocadillo que ya se va comiendo con los ojos y al final, oooh, dura un suspiro y al que acompaña con su buen vino tinto u otro alcohol suave al gusto. Luego, hilando la charla, se toma el sabroso trozo de bizcocho acompañado de un café con leche bien calentito. Y se lo come procurando no acabar antes que los demás para que no se le haga la boca agua viendo que su tesoro ya ha ido a parar a las zonas submarinas del estómago mientras el de su contertulio aún sigue a flote. Quizá pongas la guinda con, digamos, un moscatel. La sobremesa se alarga un poco y, tranquilamente, sales a dar un paseo o empalmas con la lectura del periódico. Una gozada... pero recuerda que luego hay que quemar calorías...

viernes, 5 de octubre de 2012

Disparate hacia el periódico

El sábado pasado, relativamente temprano, me arreglé dispuesto a salir para dar mi paseo hasta la librería donde compro el periódico. Había observado minutos antes cómo cedían las lluvias desde la ventana. Antes de salir, volví a mirar e, inquieto, observé cómo la lluvia había vuelto a coger fuerza. Daba igual: cogí un paraguas grande y salí a la calle. Al poco tiempo, ya supe que al volver tendría que cambiarme los zapatos empapados. Pero me sentía tranquilo porque no había ido a más, e incluso trataba de hacer piruetas caminando por las aceras menos encharcadas que el bulevar central. Llegué al destino contento por mis heridas relativas y pedí que me dieran una bolsa para el periódico.
Al salir de nuevo, la primera en la frente: el viento de cara hacía que el agua se colase por debajo del paraguas, todas las posiciones que intenté con el mismo no evitaban que siguiera y siguiera empapándome. A medio camino, me daba por perdido. Por fin, entré de nuevo en el piso deshaciéndome de la camiseta, los zapatos y los pantalones empapados y, encontrando un uniforme sustituivo, me regocijé en mi absurdo tesoro: el periódico había llegado sano y salvo.